Reseña Pop 3: Formas de intervenir la cultura de masas

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Reseña Pop 3: Formas de intervenir la cultura de masas

El impacto que produjo el capitalismo, el surgimiento de la cultura de masas, los desarrollos tecnológicos, la sociedad de consumo, entre otros factores, trajo consigo cambios en la existencia material de la cultura, tanto que los intelectuales debían replantear sus prácticas como consecuencia de ello. Esta problemática va a ser abordada por Javier García Liendo en su libro El intelectual y la cultura de masas, a partir del estudio de dos figuras importantes del ambiente intelectual, el uruguayo Ángel Rama (1926-1983) y el peruano José María Arguedas (1911-1969), que pertenecen a dos regiones latinoamericanas cuyos procesos sociohistóricos han sido significativamente diferentes. Una particularidad que ambos tuvieron en común es que advirtieron los nuevos cambios materiales, o modos de producción, y optaron por un camino como el que proponían Walter Benjamin y Antonio Gramsci, es decir, entender de qué manera la cultura, bajo la influencia de la mercantilización e industrialización, produce hegemonía y cómo intervenir en el modo de producción para poder hacerle frente.

Los procesos de urbanización fueron determinantes en relación a los cambios que se produjeron en la cultura y en la sociedad de América Latina y, según García Liendo, había quedado afuera de los debates tanto de los intelectuales latinoamericanos, como de los europeos y norteamericanos clásicos (18). El aumento masivo de público, diverso y heterogéneo, fue el signo más visible de la transformación cultural, algo que antes era exclusivo de un grupo social delimitado por criterios de clase, educación, etnicidad, género y ubicación geográfica (19). Por ejemplo, el consumo de periódicos en América Latina es significativo, lo mismo sucede con la radio, que gracias al advenimiento de los equipos portátiles, acercó la cultura radial a los lugares pobres, carentes de luz eléctrica. De manera similar los libros de bolsillo producen una democratización del consumo de la cultura de la imprenta, guiado por intereses empresariales, y en consecuencia, afectan la reorganización del tiempo libre, de los límites entre trabajo y ocio, la vida familiar y pública, entre otros.

El especial interés de Ángel Rama por los tipos de consumo popular que tenían lugar en Montevideo, en especial la proliferación de los libros de bolsillo, en una región que poseía “una de las tasas de alfabetización y educación más altas del mundo” (29) va a ser uno de los puntos de especial interés para García Liendo. Rama lamenta la falta de una literatura que logre romper la brecha existente entre autores y público. Considera que la gauchesca fue la única manifestación literaria popular exitosa, y veía un equivalente en la novela policial, despreciada por los intelectuales, pero que había logrado generar un espacio cultural en el cual los lectores populares podían interactuar. La literatura como proceso social y material, según García Liendo, representa la síntesis del proyecto intelectual de Ángel Rama. En su afán por intervenir los modos de producción, Rama se propone hacer que la cultura de la imprenta latinoamericana pueda funcionar de forma análoga a la cultura de masas. Primero va a reconocer la importancia del quiosco como espacio en el cual los lectores populares iban a adquirir sus “mercancías culturales” (30) y en él, identifica un sitio estratégico para la construcción de hegemonía. La editorial Arca y su colección Bolsilibros que llevó adelante Rama, consistía en la producción de libros de edición industrial, privilegiando el diseño gráfico colorido y vistoso de las carátulas, que se articula con las características estéticas y productivas de los best-sellersimportados que tenían éxito en aquel momento, por ejemplo las novelas policiales norteamericanas, pero introduciendo autores latinoamericanos, tanto de literatura como de otras disciplinas humanísticas y sociales. De esta manera, consigue llevar la alta cultura al quiosco, logrando que el límite entre ésta y la cultura de masas se vuelva difuso, impactando en la formación del canon y la crítica. Sobre este aspecto, García Liendo se pregunta hasta qué punto esta forma en que Rama interviene el espacio cultural, teniendo en cuenta la llegada del Boom hispanoamericano, era progresivo o reaccionario. Para ello va a reconocer la existencia de dos lectores. El primero es un lector educado, con un perfil generalmente académico, que se mueve dentro del circuito de las librerías y las bibliotecas. Y el segundo, un lector popular, que se desarrolla a espaldas de las instituciones de educación formal, un lector característico de revistas ilustradas, cómics, novela policial, rosa o de vaqueros. Rama precisa que el lector educado fue el público ideal para el Boom, pero que no era un reflejo fiel del nuevo público, ni constituía la mayoría de éste (42). Recién en la década de 1960 se puede hablar de una universidad de masas, y a partir de esta transformación, es que existe una demanda masiva por determinados productos de la cultura de la imprenta.

Al autor le interesa rastrear en la obra de Rama la aparición de circuitos alternativos al letrado a lo largo del siglo XIX. Por ejemplo, la novela de folletín en México o la poesía gauchesca en el Cono Sur. De esta manera se introducen en la escritura pública elementos como el “habla de la calle” o distintos personajes con los cuales el público no-letrado podía identificarse. Esta dinámica se intensifica gracias a los procesos sociales y tecnológicos que definen lo que el autor denomina “ciclo popular” de la cultura latinoamericana. Representa un nuevo espacio comunicativo, en donde se pone fin a la cultura de elites que había dominado la época colonial, estableciéndose principalmente en los centros urbanos con mayor desarrollo capitalista a fines del siglo XIX. García Liendo define primero un período de “democratización”, en donde los públicos se masifican, hay un desarrollo de nuevas formas de cultura popular, como la música o el teatro popular, que luego deja lugar al cine. En la cultura de la imprenta se identifican dos públicos; uno culto, asociado a la prensa y la literatura, y otro popular, que se relaciona con las revistas ilustradas, periódicos populares, novelas de folletín, entre otros. El ciclo popular, a diferencia de la ciudad letrada, articula “lo público” en la escritura y no en la oralidad.

Pero además del período de democratización, García Liendo va a añadir en su esquema del ciclo popular, el de privatización. Si bien el capitalismo genera las condiciones para la crisis del espacio letrado y la figura escritura-Estado, y como consecuencia de ello, Rama visualiza la posibilidad de una cultura latinoamericana más democrática y autónoma. Al mismo tiempo, genera una situación de dependencia a medida que América Latina se incorpora a la economía-mundo. La cultura de la imprenta termina insertándose en el funcionamiento general de las mercancías, es subsumida por el capitalismo, principal responsable, tanto de abrir como de cerrar el ciclo popular (94).

En el cuarto capítulo, García Liendo se va a detener en las prácticas intelectuales de José María Arguedas en relación a la cultura de la imprenta, que a diferencia de Rama, el factor étnico, multilingüístico y la imagen de país fragmentado por sus características sociales y geográficas, van a ser determinantes en su obra. A esto se suman las tensiones comunicativas que representan la relación entre la cultura de oralidad primaria y la escrita, y el afán utópico de Arguedas por crear interconexiones entre ellas. La influencia de la construcción de carreteras en un territorio desarticulado, por el impulso del proyecto capitalista de unificación, va a ser uno de los factores que facilitan las migraciones, el paso de la región de los Andes a la costa, trayendo consigo interrelaciones entre dos países históricamente enfrentados, como son la república de los indios y la república de los españoles. Durante el período de 1900 y 1930 hubo una gran expansión de la cultura de la imprenta, incentivada por el crecimiento poblacional, el aumento de la alfabetización, y una innegable influencia del mercado. Aunque García Liendo también quiere destacar las formas precapitalistas, que incluían la prensa obrera y el indigenismo provinciano, que resultaron claves en la organización política y la comunicación popular, diseñando un circuito autónomo respecto al Estado y el capitalismo, hacen entrar en crisis a la ciudad letrada. Dentro del indigenismo, donde se forma un circuito de comunicación autónomo formado por redes intelectuales, se inscribe la publicación de Amauta, en donde participan Mariátegui y el propio Arguedas.

Arguedas va a utilizar el folklore como medio para conocer la cultura india y mestiza. Se propone recopilar canciones populares, poner de manifiesto la capacidad creadora de los pueblos originarios, considerada entonces una cultura inferior y sin valor estético. Introducir estos valores en la educación, como lo hizo Arguedas, significaba, según García Liendo, politizar la cultura popular, intervenir en las políticas civilizatorias del Estado y su imaginario de la cultura criolla, es decir que, de esta manera, Arguedas “está utilizando al Estado para promover una cultura alternativa y crítica con el discurso estatal” (113). Sumado a esto, las migraciones en la década de 1960 intensificaron la tendencia a la urbanización, aumentando los levantamientos campesinos y las invasiones de tierras, la reforma agraria representaba un tema de debate continuo. En este contexto, Arguedas recolecta y une la tradición oral, la música y la danza de distintas regiones peruanas con el fin de formar una cultura nacional, haciendo énfasis en la interconexión de las diversas culturas sin caer en la homogeneización (115). El proyecto de Arguedas tenía como objetivo llevar la cultura popular a los sectores privilegiados, y al mismo tiempo, socializar la cultura elevada entre las clases populares. Se propone cuestionar la hegemonía de origen colonial en la escritura, en un país donde además las culturas orales primarias son dominantes, mientras que la escritura ha estado en manos de una minoría no indígena. A través del folklore intenta demostrar que no hay diferencias entre el proceso creativo de la literatura oral y escrita (117).

Más adelante, García Liendo hace énfasis en el rol que ocupa la música popular en la obra arguediana, considerada “como una práctica en la que confluyen el mundo social y la naturaleza” (133-134), como una forma de comunicación entre espacios sociales incomunicados, unificando a la gente que habita el cosmos andino. También funciona como un registro de la memoria y construye un espacio popular al margen del Estado, la Iglesia y las instituciones culturales. Ese espacio de confluencia se conocía estaba representado por las “chicherías” primero, y luego éstas dejan paso a los “coliseos”. Arguedas se acerca a la tecnología y se propone construir un archivo de grabaciones de la oralidad primaria andina, con especial interés en la música. Para Arguedas, la grabadora como aparato técnico “modifica las condiciones históricas de la relación entre oralidad y escritura” (138). Arguedas utiliza el marcado para salvar el arte indígena (141), trasciende los coliseos y lo acerca a la cultura de masas, se fortalece imponiéndose sobre la hegemonía de la cultura criolla en el espacio urbano. “Desde las estaciones de radio en Lima, la música  emprendía una travesía de inmigración en el sentido opuesto a sus productores” (144). De esta manera, ante el fortalecimiento de la cultura de masas, Arguedas encuentra un lado progresista en este nuevo espacio cultural, lo que le permite continuar con su proyecto, haciendo frente a la hegemonía de la cultura nacional de matriz hispano-criolla.

En definitiva, Rama y Arguedas intervienen los modos de producción en la era dominada por la cultura de masas, con un proyecto social y político en mente, con la intención de formar un grupo contrahegemónico. Si bien la problemática que plantearon ambos intelectuales pertenece a una realidad histórica y social determinada, aún es relevante porque la cultura de masas y la industria cultural se encuentran en pleno desarrollo, y cómo posicionarse frente a ellas representa hoy en día un debate todavía no resuelto.

 

Bibliografía:

 

García Liendo, Javier. El intelectual y la cultura de masas. Purdue University Press, 2016.