La muerte del autor como exaltación del lector: Literatura universal de Sabino Méndez

Author

9 minutos
La muerte del autor como exaltación del lector: Literatura universal de Sabino Méndez

Era casi verano en Madrid. Luego de despedir a su amiga Amelia a la estación de Atocha, Simón Be atraviesa el parque a pie. Casi anocheciendo, vislumbra un grupo de jóvenes reunidos junto a una serie de instrumentos de percusión de distintos tamaños. Acelera el paso con la intención de alcanzar el silencio, huir de esa especie de frenesí de miseria, el retumbar de los tambores con una estridencia sanguínea. Una barbarie que asusta y atrae al mismo tiempo. ¿Es esto un principio o un final? No es ni siquiera la trama de Literatura universal, o tal vez sí.

“¿Qué vida podremos aún vivir cuando todo ha sido transformado en ficción?” señala Simón B. Sáenz Madero, el protagonista de la novela, anagrama del autor, Sabino Méndez. Ya desde la “Nota al editor”, se advierte al lector el empeño de Literatura universal en intentar explicar cómo habían sido “aquellos tiempos”, a partir de datos que el autor considera como “exactos”. Pero como sostiene Deleuze sobre la obra de Proust, tampoco en la novela de Méndez hay un exposición de la memoria voluntaria, sino la narración de un aprendizaje. Literatura universal comparte ciertas características con En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, aquellos elementos que componen la obra no representan meras fuentes del recuerdo, sino materias primas, “la memoria sólo como un instrumento de aprendizaje que la supera tanto por sus fines como por sus principios” (12). Aquellos tiempos a los que hace referencia Sabino Méndez, es lo que se conoce como la movida madrileña, o simplemente La Movida, que según uno de los protagonistas más representativos de la misma, el cineasta Pedro Almodóvar, se trataba de una entidad con mil cabezas y mil formas, algo que no correspondía a una generación, a un movimiento artístico o a una ideología política, algo que no podría representar una tendencia organizada, sino a un fenómeno amorfo, descoyuntado, sin dirección, una expresión puramente hedonista  de una “juventud desencantada ante los problemas políticos y sociales, con escaso futuro laboral, y por lo general de espaldas a toda inquietud intelectual y espiritual" (Marí 127). Se origina en un período muy politizado, que intenta desarticular el tradicionalismo impulsado por la sociedad franquista. Abundaban las huelgas, las manifestaciones constantes, las reivindicaciones sociales de todo tipo, atisbos de una suerte de continuación de la tradición libertaria española, que tenía como característica la acción directa, la espontaneidad y la improvisación. El desafío a la autoridad y la libertad sexual fueron claves en el período comprendido entre finales de la década de 1970 y principios de los 80s (Marí 128). Esta revolución política y estética representa un crisol de distintas vertientes, paradojas y contradicciones, enmarcadas bajo el concepto de Literatura universal, donde el propio autor aclara que ha sido “copiado todo de la realidad y de los libros”.

Sabino Méndez nos convoca a ese lugar donde todos al fin y al cabo nos terminamos encontrando, en una eterna cita a ciegas donde la biología nos ha propuesto, es decir, el lenguaje. Y cito al propio autor, si es que hay uno solo. Ya que en Literatura universal el autor se sirve de una infinidad de citas de otros autores para construir su relato. Pero, en definitiva, ¿no es lo que todo autor hace cuando construye una obra propia? Y de ser así, ¿tiene sentido hablar de un autor? ¿Se puede decir que la obra realmente le pertenece? ¿O es acaso producto de una literatura universal como sugiere el título de la novela? Un texto, que etimológicamente deriva del término latino textus, es decir, entretejido, se hila a partir de retazos de otros tejidos, y Sabino Méndez lo deja de manifiesto. Según Roland Barthes, el autor al escribir comete un acto de suicidio; como el personaje que junta pacientemente los somníferos que le va dejando la enfermera en la clínica, hasta llegar a la cantidad justa, unas quinientas, que en el caso de Literatura universal toman la forma de citas literarias, para así emprender un viaje a la destrucción de toda voz, de todo orígen. No sin antes dejar una huella, una estela que nos precede y nos sobrevivirá, en este caso, la obra misma. “Tampoco somos tan originales los seres humanos”, nos advierte el propio Sabino Méndez en las páginas de su novela.

Como señala Barthes, en las sociedades etnográficas, el relato estaba a cargo de un mediador o un performer, que tenía un rol secundario, el mote de “genio” resultaba impensable. El autor moderno ha nacido de las cenizas de la Edad Media, en una complicidad entre el “empirismo inglés, el racionalismo francés y la fe personal de la Reforma” (66), donde el prestigio del individuo es redescubierto. Resulta lógico, entonces, según palabras de Bathes, que “en materia de la literatura sea el positivismo, resumen y resultado de la ideología capitalista, el que haya concedido la máxima importancia a la “persona” del autor” (66). Pero para Barthes es el lenguaje, y no el autor, el que habla. El autor no antecede a su obra, por el contrario, éste nace a la par del texto. No existe otro tiempo que el de la enunciación y todo entretejido se encuentra en un eterno aquí y ahora. Sabino Méndez revela al lector, en cada una de las citas con las que arma el relato, la verdad de la escritura, que para Barthes representa siempre la imitación de un gesto anterior, nunca original. De este modo, el escritor posee como único poder el de mezclar escrituras, “aunque quiera expresarse, al menos debería saber que la <cosa> interior que tiene la intención de <traducir> no es en sí misma más que un diccionario ya compuesto, en el que las palabras no pueden explicarse sino a través de otras palabras, y así indefinidamente” (69).

Entonces es la realidad que entra en contacto con el lenguaje y se deja llevar por él produciendo una transcodificación, en términos de Lotman, envuelta en la mediación del campo de la literatura universal. El lector se hace presente en esta novela que representa el puro acontecer, un perpetuo vaivén, donde los personajes navegan por la incertidumbre constante de futuro, envueltos en un halo de misterio, donde uno se sumerge en una serie de géneros literarios que entran en situación dialógica y conflicto permanente. Podría decirse que se está en presencia de un Bildungsroman, o “novela de crecimiento”, ya que el lector acompaña la evolución del protagonista desde los primeros pasos en su adolescencia, así como es testigo de la manera en la cual van mutando las desavenencias de sus compañeros, principalmente de Paco Valls y de Cárdenas, desde ese primer encuentro en el colegio de curas. Pero se advierte la ausencia de las etapas a superar, a las que todo héroe moderno debe enfrentarse, síntoma de la realidad social y de una subjetividad construída en un período particular. En este caso el espacio ocupa un lugar tan importante como el tiempo, aunque todos los involucrados sufran las inclemencias inevitables e implacables de éste. Puede ser también una picaresca sin redención, donde el pícaro no se arrepiente de sus actos. Tal vez incluso se trate de un diálogo socrático en el cual, en un momento determinado, el autor enmudece a todos los oradores y toma la voz de mando, buscando alejarse, buscando el silencio. También, por qué no, una sátira manipea que acaba en tragedia, o una epopeya agnóstica, donde no hay un héroe, sino varios que emprenden una búsqueda degradada ya desde el comienzo. La literatura, la música, el sexo, las drogas, los veranos en las Islas Baleares, los viajes de Barcelona a Madrid, convergen en este entretejido complejo que es la Literatura universal, un eterno acontecer.

 

Bibliografía:

Barthes, Roland. "La muerte del autor" en El susurro del lenguaje. Barcelona: Paidós, 1987: 65-71.

Deleuze, Gilles. Proust y los signos. Barcelona: Anagrama, 2006.

Lotman, Yuri. Estructura del texto artístico. Madrid: Istmo, 1978.

Marí, Jorge. “La Movida como Debate” en Arizona Journal of Hispanic Cultural Studies. Vol 13, 2009: 127-141.

Méndez, Sabino. Literatura universal. Barcelona: Anagrama, 2017.

 

Licencia Creative Commons

La muerte del autor como exaltación del lector: Literatura universal de Sabino Méndez por Juan Aguerre se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivar 4.0 Internacional. Basada en una obra en https://www.acervoyatasto.com/.