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Bolaño saboteador: La literatura contra el falogocentrismo

Marzo 28, 2017 - Tiempo de lectura: 9 minutos

Es cada vez más frecuente encontrar a la obra de Roberto Bolaño como objeto de estudio en revistas literarias, trabajos académicos, ensayos, conferencias, tertulias, e infinidad de instancias en que la literatura es motivo de conversación. También ha despertado el interés de otras disciplinas como la psicología, la sociología, antropología, estudios históricos, entre otras. Se ha escrito bastante pero aún no lo suficiente, sus trabajos siguen generando inquietud, nuevas interpretaciones y reescrituras. Esto ha tenido como consecuencia que tanto su obra narrativa como poética, sea tan influyente para las corrientes literarias que se vienen desarrollando en el siglo XXI.

Hace poco, su novela 2666 fue considerada como la mejor en su lengua de los últimos veinticinco años según el suplemento "Bedelía" del diario El País de Madrid. Esta novela fue publicada luego de la muerte del autor, su idea original era que fuera distribuída en cinco volúmenes independientes, pero finalmente, el editor y sus herederos decidieron agrupar las cinco partes en un gran tomo de más de mil páginas. Es una obra inacabada pero no incompleta, algo similar a lo que sucede con En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Bolaño murió de una deficiencia hepática antes de poder terminarla en 2003. Si bien no llegó completarla, a poner el punto final, esto no quiere decir que le falte algo, pues lo tiene todo.

Alguien que se interesó por su obra fue el prestigioso académico Manuel Asensi en su libro Crítica como sabotaje. Esto que llama “crítica como sabotaje” tiene como objeto desarticular los discursos con el fin de encontrar el carácter ideológico de los mismos, poner de manifiesto el discurso dominante que permanece oculto, correr el velo que lo cubre, para finalmente sabotearlo, desmantelar los falsos silogismos. Asensi distingue entre dos tipos de textos: los téticos, que son los que están en línea disimuladamente con el discurso hegemónico y que por ende deben ser saboteados; o los atéticos, que son textos que de por sí saboteadores. Bolaño y su 2666 es un claro ejemplo de un texto saboteador, atético, consciente de la existencia del discurso dominante y desde su posición de subalterno, intenta introducir otra voz capaz de ir en contra de los moldes sociales o discursos modelizantes.

La última novela de Bolaño (aunque posteriormenteotras fueron editadas otras como El tercer Reich, Los sinsabores del verdadero policía o la reciente El espíritu de la ciencia ficción) se destaca por la mezcla entre ficción y realidad que logra el autor, el fuerte énfasis a la hora de denunciar la ola de femicidios que se estaban desarrollando en Ciudad Juárez (México). Bolaño los va mencionando uno por uno a lo largo de la novela, con la única diferencia que la ciudad en cuestión no era Ciudad Juárez sino la ciudad ficticia en que tiene lugar la acción: Santa Teresa. Este juego con el límite entre ficción y realidad le permite a Bolaño traspasar las barreras del postmodernismo, dando paso a otra cosa… ¿transmodernidad? O el nombre que quieran ponerle.

Asensi marca varios aspectos que hacen al carácter saboteador de Bolaño; uno de los más interesantes tiene que ver con el manejo que logra Bolaño en la primera parte de 2666, en el capítulo que se titula: “La parte de los críticos”. Allí, cuatro críticos literarios van en busca de las huellas del misterioso escritor alemán Benno von Archimboldi. Ellos son Jean-Claude Pelletier, un joven francés que con tan sólo veinticinco años ya era catedrático de alemán en París. Piero Morini, nacido en Nápoles, cinco años mayor que Pelletier; tradujo las obras de Archimboldi al italiano y quedó incapacitado debido a una esclerosis múltiple. Manuel Espinoza, un español que quería ser escritor, cursaba estudios de filología española, y era más jóven que Morini y Pelletier. Y por último Liz Norton, una mujer universitaria que, como describe el narrador: “Estaba exenta de los atributos de la voluntad” (Bolaño 20). Era incapaz de fijar sus objetivos y luego ir en dirección a su cumplimiento. Se genera un triángulo amoroso entre Liz, Pelletier y Espinoza pero, como señala Asensi, “Liz [...] no se presenta jamás como un objeto de intercambio entre Pelletier y Espinoza” (279). Si bien tanto Espinoza y Pellietier esperan que ella se decida por uno de los dos, Liz nunca deja que ninguno logre su apropiación, entonces ambos críticos  deben resignarse a seguir atrapados en ese triángulo, a compartir a la mujer de la cual están enamorados, totalmente incapaces de forzar la situación para romper el triángulo.

Entonces, Manuel Asensi concluye que lo que hace Bolaño es crear una situación que “sabotea cualquier atisbo de falocentrismo” (279). En el momento en que Pelletier y Espinoza van juntos a su encuentro, descubren el apartamento vacío. Aparentemente Liz habría ido en busca de Archimboldi pero luego les hace saber que hay un tercero en disputa. Liz se va a vivir con Morini, y dada su condición, ella renuncia a la parte sexual de la relación amorosa. Asensi agrega: “a la renuncia en el plano epistemológico se suma la renuncia al contacto con los otros, tanto en lo que se refiere al autor admirado como al ser amado dentro de un marco familiar y reproductor”.

Sobre esta novela probablemente se siga escribiendo mucho, va a seguir siendo objeto de estudio de las generaciones que vendrán y en cada relectura se podrá encontrar algún elemento nuevo, y en definitiva, se seguirá reescribiendo. Los lectores son los encargados de completar la obra.

Algo que caracteriza a Bolaño es su sentido del humor y justamente hay una escena que se desarrolla en una editorial, en donde unos correctores de estilo comienzan a enumerar una serie de errores que fueron pasados por alto por grandes escritores de la historia de la literatura universal, repasaremos algunos de ellos como cierre de este artículo:

 

-«¡Pobre María! Cada vez que percibe el ruido de un caballo que se acerca, está segura de que soy yo.» El duque de Monbazon, Chateaubriand.

-«La tripulación del buque tragado por las olas estaba formada por veinticinco hombres, que dejaron centenares de viudas condenadas a la miseria.» Dramas marítimos, Gastón Leroux.

-«Con la ayuda de Dios, el sol lucirá de nuevo sobre Polonia.» El diluvio, Sinkiewicz.

-«¡Vámonos!, dijo Peter buscando su sombrero para enjugarse las lágrimas.» Lourdes, Zola.

-«El duque apareció seguido de su séquito, que iba delante.» Cartas desde mi molino, Alfonso Daudet.

-«Con las manos cruzadas sobre la espalda paseábase Enrique por el jardín, leyendo la novela de su amigo.» El día fatal, Rosny.

-«Con un ojo leía, con el otro escribía.» A orillas del Rhin, Auback.

-«El cadáver esperaba, silencioso, la autopsia.» El favorito de la suerte, Octavio Feuillet.

-«Guillermo no pensaba que el corazón pudiera servir para algo más que para la respiración.» La muerte, Argibachev.

-«Esta espada de honor es el día más hermoso de mi vida.» El honor, Octavio Feuillet.

-«Empiezo a ver mal, dijo la pobre ciega.» Beatriz, Balzac.

-«Después de cortarle la cabeza, lo enterraron vivo.» La muerte de Mongomer, Henri Zvedan.

-«Tenía la mano fría corno la de una serpiente.» Ponson du Terrail-. Y aquí no se especificaba a qué obra pertenecía el lapsus cálami.

De la colección de Max Sengen destacaban los siguientes, sin especificar obra ni autor:

-«El cadáver miraba con reproche a los que le rodeaban.»

-«¿Qué puede hacer un hombre muerto por una bala mortífera?»

-«En las cercanías de la ciudad hubo rebaños enteros de osos que andaban siempre solos.»

-«Por desgracia, la boda se retrasó quince días, durante los cuales la novia huyó con el capitán y dio a luz ocho hijos.»

-«Excursiones de tres o cuatro días eran para ellos cosa diaria.»

(1146-1147).

 

Bibliografía:

Asensi, Manuel. Crítica y sabotaje. Barcelona: Anthropos, 2011.

Bolaño, Roberto. 2666. Barcelona: Alfaguara, 2016.