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Antonio Di Benedetto: El drama de un escritor

Abril 20, 2017 - Tiempo de lectura: 5 minutos

Fue uno de los grandes narradores latinoamericanos. Se destacan sus cuentos y sus maravillosas novelas de La trilogía de la espera, en especial la primera de ellas: Zama. Para Julio Cortázar “Di Benedetto pertenece a ese infrecuente tipo de escritor que no busca la reconstrucción ideológica del pasado, sino que está en ese pasado y, precisamente por eso, nos acerca a vivencias y comportamientos que guardan toda su insensatez, en vez de llegarnos como una evocación”. Por su parte, Jorge Luis Borges consideraba que Di Benedetto "ha escrito páginas esenciales que me han emocionado y que siguen emocionándome...". También fue elogiado recientemente por el premio nobel J.M. Coetzee, Jimena Néspolo en la sección cultural del diario El País de Madrid lo ubica dentro de una corriente anti-boom junto con Rulfo, Armonía Somers y María Luisa Bombal.

Hay un dato curioso y es que Roberto Bolaño sorprendido por ciertas peculiaridades de la vida de este autor, lo termina transformando en uno de sus personajes: Sensini. Cuenta el drama de un escritor, ese que vivía Sensini como reflejo del propio Bolaño, tal vez éste último bastante más que el primero.

El drama radica en el momento de optar por el oficio del escritor, a todo aquello a lo que hay que renunciar y por todo lo que se debe atravesar en un camino bastante arduo. Fran Lebowitz consideraba que había sólo un trabajo peor que el de escribir: trabajar en una mina de carbón. Ser escritor implica siempre lanzarse al vacío y esa opción tiene como consecuencia algunos momentos como los que describe el narrador del cuento de Sensini, que es en definitiva el propio Bolaño: encontrarse “más pobre que una rata”, lejos de su tierra (tierra que supo perder en varias ocasiones), sin trabajo estable y hundido en la más profunda soledad. Los ratos de ocio interminables, la “indefinida fragilidad” y la escritura como única actividad lo llevan desesperadamente a terminar en un concurso literario organizado por el Ayuntamiento de Alcoy, en la Comunidad Valenciana. El concurso tenía tres categorías: cuento, poesía y ensayo. Por entonces Bolaño estaba dedicado casi completamente a la poesía, había ideado el manifiesto infrarrealista en México, había creado un movimiento que ya estaba disuelto y los principales integrantes se habían desperdigado por distintas partes del mundo.  A pesar de esto, o tal vez justamente por esto, decide no participar en la categoría poesía para no enviar lo que mejor sabía hacer “a luchar con los leones (o con las hienas)”. Descartado también el ensayo por tener como requisito una temática específica que debía girar en torno al Ayuntamiento, decide participar con un cuento; no tenía muchos pero escoge el que consideraba el mejor de su producción y lo envía al concurso. Consigue el tercer premio y con él una remuneración económica. Poco tiempo después le envían el libro que incluía los seis cuentos finalistas. En ese momento descubre, luego de maldecir al jurado por haber elegido como ganador a un cuento que no lo merecía, que uno de los cuentistas era Sensini, o Antonio di Benedetto.

Ese eslabón perdido, perteneciente una generación un poco posterior a la de Cortázar, Bioy Casares o Ernesto Sábato, pero anterior a la producción de escritores como Manuel Puig, Juan José Saer u Osvaldo Soriano, Di Benedetto despertaba admiración en Roberto Bolaño y su obra había adquirido un lugar de privilegio en la literatura argentina.

Pero el Di Benedetto retratado en Sensini se encontraba en una etapa de su vida en la cual el único sustento económico era gracias a los concursos literarios. Bolaño consigue ponerse en contacto epistolar con él y se van intercambiando las bases de los concursos que iban encontrando en distintas publicaciones de periódicos y revistas. En un momento Bolaño le comenta que no tiene tantos cuentos como para poder participar en todos esos concursos, a lo que Di Benedetto (o Sensini) le responde que como estrategia él solía mandar el mismo cuento a la mayor cantidad de concursos posibles, teniendo la precaución de cambiarles el título y tratando de encontrar una serie de concursos que tuvieran lugar por las mismas fechas, cosa de que no puedan descubrir el “engaño”. No era poco común que algún miembro del jurado estuviera en más de un concurso a la vez, por lo que suponía un riesgo que había que correr. Hizo la prueba con uno de sus cuentos, lo envió a tres concursos distintos, ganó uno de ellos, quedó en segundo lugar en otro y con eso pudo pagar el alquiler de su departamento en Madrid.

Entre los premios por sus cuentos y algunos trabajos menores para editoriales corrigiendo traducciones, Di Benedetto lograba sobrevivir. El narrador de “Sensini” ve con mucha tristeza que un escritor tan talentoso tenga que vivir de esa manera. Pero "Sensini" no deja de ser un cuento de ficción, la pregunta está en diferenciar en qué lugar existe Sensini y en qué parte vive Di Benedetto. Quién es real y quién es ficción, o si tal vez es tan sólo el espejo donde el Yo que narra, probablemente un joven Bolaño que en ese momento tenía 28 años, se miraba y veía en él su futuro como escritor. Con un pie en la ficción y otro en la realidad, lados que se mezclan y, probablemente, uno termine termine ganándole al otro. Ese es el gran drama de un escritor.